Historias y Biografías


Verlaine y Rimbaud: “los amantes malditos”
enero 3, 2008, 7:47 pm
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En la segunda mitad del siglo XIX -cuando en algunas mentes abundan millones de ideas que se lanzan al mundo como manifestación de un moderno y provocativo pensamiento vanguardista, cuya misión es la de reinventar el arte en todos los sentidos- la falta de genios o de personajes de una particularidad desafiante, no es en absoluto una realidad.  

El amor, la ira… la contradicción; el desenfado, el desenfreno… el desencanto. Una infinidad de sentimientos y sensaciones habitan a la vez en complejas personalidades y convergen en una sola fuerza creadora. Así, la vida y la obra se confunden y entremezclan: se vive para crear, se crea lo vivido. 

Ésta es la historia de dos artistas, Verlaine y Rimbaud: los “simbolistas”, “los poetas malditos”. Verlaine, el más viejo; Rimbaud, el adolescente. El primero, siempre debatiéndose entre dos caminos; el segundo, totalmente libre. Juntos, emprenden un corto pero intenso viaje, escandalizando a una sociedad  aún no lista para el agitado romance.  

Verlaine   

Cuando recibió El barco ebrio, Verlaine, fascinado por lo leído, invitó inmediatamente al desconocido autor del poema a visitarlo a París. Entonces, a mediados de agosto 1871, el poeta de 26 años ya contaba con prestigio en el mundo poético, y estaba casado con la adolescente Mathilde Mauté, con quien pronto tendría un hijo.  

Paul Verlaine nació el 30 de marzo de 1844 en Metz, al este de Francia. A diferencia de otros personajes célebres, tuvo una infancia feliz, a la cual siempre añoró por los alegres veranos pasados a las orillas del río Semois, en Bouillon, Bélgica, hogar de su familia paterna. A esta etapa de su vida dedicó una serie de poemas que evidencian su nostalgia por los años mejores, ésos llenos de coloridos paisajes, a los que volvió cuando en 1873 fue perseguido por la policía al haber participado en la insurrección de la Comuna.   

Su amigo de adolescencia, François Coppée, escribió lo siguiente sobre la personalidad de Verlaine: “Siempre fue un niño. ¿Hay que compadecerlo por eso?… Es tan amargo el hecho de hacerse hombre y prudente, dejar de correr por los caminos de la fantasía por miedo a caer (…). ¡Dichoso el que da crueles caídas y se levanta llorando para olvidar en el acto el accidente y el dolor, abre otra vez los ojos llenos de lágrimas, los ojos ávidos y encantados a la naturaleza y a la vida!”.  

Dicen que su poesía melancólica se inició cuando se enamoró, sin ser correspondido, de su prima Elisa Moncomble. La tristeza de esa decepción lo llevó de una vida tranquila entre los campos y la lectura de Baudelaire a una de cabarets y alcohol. En los cafés parisinos, escribió versos y se comenzó a relacionar con los poetas parnasianos.  

En la ciudad luz, había aprobado su bachillerato (1862), presentado su primer poema en la Revue du progrès moral (1863), estudiado derecho y trabajado en una compañía de seguros. En el ayuntamiento de París, en 1866 publicó sus famosos Poemas saturnianos, obra donde se evidencia su simbolismo en la añoranza de amores y sensaciones conectadas a paisajes y a seres estelares: …”leer en el cielo tanto las dichas como los desastres y que cada alma estaba unida a uno de los astros”.   

En 1869, dio a conocer sus Fiestas galantes, y al año siguiente (1970), conoció a Mathilde, con quien se casó y dedicó La buena canción. Junto a ella inició una tranquila vida burguesa… que no duró por mucho tiempo.   

Siempre se ha destacado en la poesía de Verlaine la musicalidad de su verso impar, es por eso que es mejor leerlo en su idioma original; palabras como luna, nieve, viento y lluvia son los símbolos sutiles que en un principio aparecen constantemente en la creación de su delicada alma. A partir de 1871, su existencia se trastornó, comenzó, más que nunca, a ir de un extremo a otro, de lo claro a lo oscuro… de caer a querer levantarse, haciendo de la segunda parte de su obra el reflejo de un errático y agitado camino.  

Rimbaud  

Al momento de ser invitado por Verlaine a su casa de París, luego de que él le enviara el poema El barco ebrio, Rimbaud era un genial y rebelde adolescente que había intentado llegar antes a la capital de Francia, sin mayor éxito, y ya mantenía correspondencia con Paul Demeny y Banville.        

Nació el 20 de octubre de 1854, -en Charleville, región francesa de las Ardenas-, en una familia encabezada por Vitalie Cuif, una madre severa y ultrareligiosa que tempranamente había sido abandonada por su marido al partir a la guerra de Crimea.  

Siempre fue un niño precoz que comenzó a escribir versos a la edad de diez años. En 1869, Rimbaud obtuvo por Yugurtha el primer premio en el Concurso de versos latinos, debido a este hecho, la revista Le Montieur de l’Enseignement Secondaire publicó aquél  y otros dos temas del novel poeta, Vererat y El ángel y el niño; también, la Revue pur Tous incluyó sus versos franceses, con el nombre de Los aguinaldos de los huérfanos.  

A pesar de sus pocos años, Jean Arthur ya había adoptado una postura provocadora ante la vida, entraba y salía de su hogar con ganas de experimentarlo todo e internarse en el mundo de la poesía. Intentó trabajar en un periódico de Charleoi, dirigido por el padre de un compañero del Instituto, pero sus modales y palabras le hicieron perder el empleo antes de obtenerlo. Fue su maestro Izambard el primer nexo con otros poetas.  

Vagabundeó por ahí, una muchachita intentó unírsele, pero la abandonó sin interés. También se comenta, aunque no está comprobado, que a mediados de marzo de 1871 tuvo la intención de integrarse a las tropas sublevadas de la Comuna y emprendió viaje a la capital.    

Por este tiempo escribió a Paul Demeny lo que se conocería como Carta del vidente (15 de mayo de 1871), importante obra de la literatura moderna en la que plantea que la gran misión del nuevo poeta es experimentar y extraer la quintaesencia de todo. También, remitió a Banville Lo que se dice del poeta a propósito de flores  

Es en esta etapa de andanzas y gestiones en la que repentinamente pasó a co-protagonizar  una de las historias más controvertidas de la época, haciendo gala de su furiosa e insensible personalidad, que lo llevó, más que a él mismo, a perturbar la vida de otro ser, al que en su fragilidad lo hizo cruzar la invisible línea entre “el bien y el mal”.  

El príncipe de los poetas y el ladrón de fuego   

Cuando el imberbe muchacho de ojos azules y pelo despeinado llegó a la casa de los suegros del poeta Verlaine, a mediados de septiembre de 1871, desde el primer momento comenzó a alterar su normal vida burguesa. Los malos modales del invitado desencajaron y éste se aburrió en la formalidad, por lo que rápidamente decidió albergarse en otros lugares.  

A pesar de que el creador de Antaño y hogaño llevaba un agradable matrimonio con la joven Mathilde Mauté de Fleurville, no tardó mucho en prendarse de la personalidad y la valentía de Rimbaud. Pronto comenzaron a participar en juergas y borracheras alentadas por hierbas, ingredientes infaltable en la travesía.  

En 1872 ya formaban una pareja y sus continuos escándalos que llegaron al conocimiento de Mathilde, hicieron que ella comenzara con recriminaciones a las que Verlaine respondió en varias oportunidades con demostraciones de violencia -incluso contra su hijo que llevaba poco de nacido- que fueron avivadas por su abusivo consumo de alcohol.  

Las querellas con Mauté, alejaron en primera instancia a Rimbaud, quien se volvió a Charleville, provocando el llamado  suplicante de Verlaine. Al poco tiempo, Jean Arthur decidió irse a Bélgica, seguido por su amante desesperado, quien abandonó a su mujer enferma.  

Así, la infernal pareja emprendió un rumbo errante por caminos de amor y desenfado, de ira y desenfreno, de contradicción y desencanto. El “Príncipe de los poetas” -como lo nombraron sus colegas en 1894- y el “Ladrón de fuego y suelas de viento” -como lo llamó el propio Verlaine por la frase de la Carta del vidente y por su espíritu libre- se marcharon a vivir su idilio.  

El primer obstáculo estuvo en el puesto fronterizo de Arras, desde donde fueron devueltos a París, pero insistieron y llegaron a Bélgica a través de las Ardenas. En tanto, la esposa de Paul Verlaine lo localizó y convenció de regresar, éste accedió, pero en la frontera se arrepintió y bajó del tren para correr junto a Rimbaud. Luego de eso, viajaron a Inglaterra, donde estudiaron inglés y dieron clases de francés, mientras Jean Arthur continúo con sus Iluminaciones, empezadas a escribir hace un tiempo.   

Dos meses después, Mathilde Mauté inició el proceso de separación judicial y Rimbaud abandonó Londres para ir a una residencia heredada de su madre en Roche. En 1873, Paul enfermó y su amigo volvió rápidamente a su lado para dejarlo pronto y regresar a Roche, donde comenzó con Temporada en el infierno.  

Al recuperarse, Verlaine viajó a las Ardenas belgas, y desde Amberes partió junto a su amante a Inglaterra. Aquí es donde la relación se tornó insostenible, por lo que el Loyola -como lo apodó Rimbaud- volvió solo a Bruselas para tratar, inútilmente, de congraciarse con su esposa.  

Es al reencontrarse en esa ciudad que se desataron los violentos acontecimientos de julio de 1873. Rimbaud decidió volver a París y Verlaine, en un ataque de iracunda impotencia, le disparó, hiriéndole el puño.  

El tormentoso periplo de los poetas llegó a su fin y sus destinos se separaron. Verlaine fue condenado a dos años de cárcel y Rimbaud se recluyó en Roche. Encerrado, Paul compuso poemas místicos cargados de arrepentimiento, publicados en Sabiduría (1881) y Antaño y hogaño (1884), y también eróticos en Paralelamente (1881).         

De la turbulenta experiencia nacieron las creaciones Romanzas sin palabras, de Verlaine, y Temporada en el infierno, culminada por Rimbaud en su agónica estadía en la casa de Roche. Los poemas Iluminaciones (Rimbaud), que fueron recopilados y publicados por Paul Verlaine en 1886, son los últimos que se dieron a conocer del joven poeta.  

En 1875, Verlaine intentó entenderse nuevamente con Rimbaud, pero el encuentro terminó con golpes e insultos en las calles de Stuttgart. Atrás habían quedado los días de bohemia y agitación, retando a los comentarios de la sociedad y de los círculos intelectuales que se asombraban al ver u oír hablar sobre los espectáculos de la pareja de “sodomitas” (aún no se usaba el término “homosexual”).  

Se cuenta que en un diario apareció escrito con ironía que “es frecuente ver a Verlaine cenando con la señorita Rimbaut”, ante lo cual Rimbaud comentó que no le había molestado la frase, pero lo que sí le disgustaba mucho es que hayan escrito su apellido con “t” y en vez de “d”.  

Es que “el niño terrible” de la poesía, nunca tuvo miedo, siempre desafió a la vida. Su insensibilidad, su indiferencia, su amoralidad lo liberaron de cualquier atadura. Él mismo afirmo: “la causa de mi superioridad es que no tengo corazón”.  

Tal vez fue esa libertad la que cautivó a Paul Verlaine, una característica de la que carecía, ya que a cada exceso que cometía, le seguía el arrepentimiento. Su personalidad maniquea le hizo serpentear entre dos mundos, en su fragilidad no pudo abandonarse totalmente al amor de Rimbaud, pues no quería desligarse de su esposa, aunque muriera por estar junto al adolescente. Paralelamente, fue bohemio y espiritual, vividor y religioso… caía en la tentación y pedía perdón.  

Los “poetas malditos”, término incorporado por Verlaine en 1884, se transformaron en “amantes malditos”.  Al tiempo de perder toda conexión el uno con el otro, Jean Arthur Rimbaud, con apenas 20 años, abandonó la poesía para internarse por largo tiempo en África, en busca de aventuras y nuevas emociones; en tanto, Verlaine escribió obras como Memorias de un viudo (1886), Mis hospitales (1891) y Confesiones (1895). Probablemente, intentando revivir su historia, comenzó una nueva relación con un joven alumno, la que fue un fracaso.

El 8 de enero de 1896, consumido por la cirrosis, la gastritis, la ictericia y el reumatismo, y luego de pasar por hospitales, cárceles y habitaciones de alquiler, Verlaine murió en París, a la edad de 52 años. El 10 de noviembre de 1891, a los 37 años, como siempre precoz, la vida de Rimbaud llegó a su fin después de amputársele una pierna para salvar, inútilmente, un cáncer ya avanzado.  

La importante obra de estos poetas trascendió en el tiempo, pero también su turbulenta historia, hoy, lejos de escandalizarnos, nos seduce. El siguiente, es un extracto de una carta enviada por Rimbaud a Verlaine, que grafica la intimidad amorosa que había entre los dos. Aquí aparece el autor del Soneto de las vocales, llamando a su amante, como tentándolo a experimentar una odisea de la cual el “Saturniano” tantas veces intentó escapar.  

A Verlaine, julio de 1873 Londres, viernes por la tarde.

Vuelve, vuelve, querido amigo, único amigo, vuelve. Te juro que seré bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me cegué, y me arrepiento de ello más de lo que puedes imaginar. Vuelve, todo estará totalmente olvidado. ¡Que desgracia que hayas tomado en serio esta broma! No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido todavía. (…) No me olvidarás ¿verdad? No, tú no puedes olvidarme. Yo te tengo aquí siempre. Di, contesta a tu amigo ¿acaso no volveremos a vivir juntos los dos? Sé valiente, contéstame pronto. No puedo quedarme aquí por más tiempo. Oye sólo lo que te dicte tu buen corazón. Dime pronto si tengo que reunirme contigo. 

A ti, para toda la vida. Rimbaud.  

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2 comentarios so far
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Siempre me ha resultado curioso que la gente se pregunte por qué Verlaine amaba a un ser tan diabólico como Rimbaud. Lo importante es ¿por qué alguien tan inhumano como Rimbaud necesitaba tan enfervorecidamente a Verlaine? Su gracia y capacidad de seducción le permitían atraer a cualquiera, pero eligió a un hombre poco agraciado, de fuerte moral y que debió ser más un lastre que un compañero en sus largas noches de excesos.

Comentario por lextar

Por què resultarà tan enigmàtica y cautivadora esta historia tumultuosa y amoral en su época y sin embargo nada sorprendente en nuestros dìas? Realmente a mì me hace recrear una imagen de auténtica mitificaciôn mìstica, dirìa yo, hacia un adolescente con un talento y personalidad arrolladoras por parte de un ser hipersensible con una carencia de caràcter escandalosa. Enhorabuena por el estupendo relato.

Comentario por Angel Lòpez




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